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Guía para Ayudar a los Niños
Que Hallan Perdido un Ser Querido

Rabbi Earl A. Grollman

  1. Sí, saque la palabra “muerte” de su lista prohibitiva. Permita que sea un concepto que pueda tratarse libremente en el hogar, en la escuela, la iglesia o la sinagoga. El punto no es si se le debe educar a los niños sobre la muerte, sino si la educación que esté recibiendo le ayuda y proviene de una fuente confiable. La comprensión es un proceso de por vida que comienza en la niñez y continúa durante la vejes. La educación sobre la muerte comienza cuando la vida inicia.

  2. Sí, entienda que la deploración de la muerte y el sufrimiento son apropiados para la gente de todas edades. Los niños son personas. El agravio ya camina a su lado. El desinterés, la abnegación, el coraje, el pánico y los males físicos son variaciones en su tema sobre el dolor. éstas son las avenidas torcidas, pero normales y lentas, de la tristeza y la pérdida.

  3. Sí, permítales soltar sus emociones. Permítales llamar a sus sentimientos por sus sustantivos propios. “Tengo coraje.” “Estoy triste.” “Me siento herido.” ¡Qué los expresen en voz alta, si ellos quieren! ¡Qué expresen sus pensamientos en palabras—en forma poética o como historieta! ¡O en el cántico o la pintura! No es la expresión de estas emociones legítimas que suelen causar daño, sino su supresión.

  4. Sí, póngase en comunicación con la escuela de su niño e infórmele acerca de la pérdida en su familia; de no ser así, los maestros pueden malinterpretar el cambio en las notas, la tristeza repentina o el comportamiento de aislamiento en su pequeño. Cuando los maestros sensitivos comparten un problema con el niño, ambos establecen un lazo que ayuda aliviar el peso de los sentimientos.

  5. Sí, busque ayuda si se siente incapaz de tratar con sus niños durante esta crisis. Hay ocasiones en que hasta el más informado, y el de mejor intención entre los adultos, es inadecuado. Buscar consejo adicional de un clero, un guía de niños a nivel clínico o un terapista, no es admisión de flacesa alguna, sino demuestra el amor y el apoyo. La tristeza es capaz de dejar huellas en la más saludable de las personalidades.

  6. No le diga a su hijo que el o ella ahora es el hombre o la mujer de la casa, o un reemplazo de algun hermano muerto. Nunca diga, “Tú me recuerdas de...” No trate a su hijo como sustituto para algun adulto o padrasto, como un amigo, amante, compañero o confidente. Les es suficiéntemente dificil a los muchachos perder un ser querido. No les depriva de su niñez.

  7. No utilize las historietas ni los cuentos de ada como explicación sobre el misterio de la muerte. Nunca esconda los hechos con una interpretación de fantasía o confusa que algún día tendrá que retirar. Por ejemplo, el dicer, “Tu padre se ha ido en un largo viaje,” es darle la impresión que algún día él podría retornar. Si usted dice, “Dios se llevó a tu joven madre porque el Señor necesita gente buena,” riesga usted crear más confusión. La gente buena sí mueren joven, pero los malos también mueren joven. Los niños desarollan un resentimiento profundo contra Dios quien, por su interpretación, les ha caprichósamente robado a una madre que tanto necesitaban. Las explicaciones malsanas pueden crear el temor, la duda e instar vuelos de fantasía que suelen ser más extraños que la realidad. La necesidad más grande de un niño es la confianza y la verdad.

  8. No deje que sus niños piensen que usted tiene todas las respuestas conclusivas. Permítales lugar para sus dudas, preguntas y opiniones alternativas. Los adultos muestran tanta madurez cuando dicen en vez, "¿Te soprende que yo no sepa todo sobre la muerte? No te sorprendas. Por ésto es que necesitamos dialogar. Ayudémosnos mutuamente.” Respete su individualidad, pues a lo largo, ellos son quienes tendrán que encontrar sus propias respuestas a los problemas asociados con la vida y la muerte.

  9. No tenga temor de expresar sus propias emociones de pesadumbre. Si usted guarda sus sentimientos, es más problable que sus niños lo harán también. Los niños consiguen el permiso de deplorar la muerte por medio de los adultos. El niño puede sufrir el llanto, pero no la traición: la aflicción, pero no el engaño. El poder demostrar la pena abiértamente, y deplorar la muerte sin temor o bochorno, puede ayudarle a ambos los niños y los padres aceptar lo natural y el dolor de la muerte.

  10. No olvide seguir asegurándole el amor y el apoyo. El obsequio más valioso que puedan dar los padres a un niño es própiamente ellos mismos. Su cuidado e interés a través de los meses y años venideros serán de incalculable valor y asisten en la mejoría de su salud. Esté dispuesto a esucharle por minutos, horas, días. Los jóvenes necesitan hablar, no sólo que les hablen.

Trate de recordar los tiempos maravillosos de suma felicidad que compartieron juntos, no sólo el triste momento de la muerte. A los jóvenes se les debe recordar que la pérdida de una relación importante no significa la pérdida de las otras—inclusive la suya.

¡Cuando las palabras fallan, tóquele! La postura suya suele ser más importante que las expresiones verbales. Las demostraciones físicas de amor y apoyo son los dones más valiosos que se le pueda dar a un niño en duelo. En lo que se camina la senda dificil y prolongada de la separación, usted puede hallar en sus niños nuevas dimensiones en su capacidad para amar, cuidar y comprender. ¡En sí, para la gente de todas edades, la sanidad se logra por un proceso: el recobro completo, sin embargo, por elección!

©Rabbi Earl Grollman, en Living with Grief: When Illness is Prolonged, 1997. Hospice Foundation of America. Utilizado con permiso.

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